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Floración del olivo: claves fisiológicas para una buena cosecha

Uno de los escenarios más habituales en el olivar es este: una primavera con floración abundante y visualmente espectacular, seguida de una caída masiva de flores y pequeños frutos que termina en una cosecha muy por debajo de lo esperado.

La pregunta siempre es la misma:

“Si el olivo ha florecido bien, ¿por qué no cuaja?”

La respuesta no está en la flor. Está en la fisiología previa del árbol.

El olivo no cuaja lo que no puede sostener

El cuajado no es un proceso automático. Es una decisión fisiológica del árbol.

Durante las semanas posteriores a la floración, el olivo evalúa si dispone de:

  • reservas suficientes
  • capacidad fotosintética
  • equilibrio entre crecimiento y reproducción
  • nivel de estrés asumible

Cuando el árbol percibe que no puede mantener toda la carga, activa mecanismos de aborto:

  • caída de flores
  • caída de frutos recién cuajados

Esto no es un fallo. Es una estrategia de supervivencia.

Gráfico circular del ciclo fenológico del olivo

Por qué florece mucho y cuaja poco

En muchos olivares con mala respuesta de cuajado confluyen varios factores:

  • árboles que vienen de un año de alta carga
  • reservas agotadas
  • estrés hídrico acumulado, aunque no visible
  • desequilibrio vegetativo–reproductivo
  • estímulos mal sincronizados

El problema es que la floración ocurre, pero el árbol no está preparado para sostenerla.

Y cuando llega el momento crítico del cuajado, la fisiología impone límites.

El error más habitual: actuar solo en primavera

Ante una mala experiencia de cuajado, lo más frecuente es:

  • reforzar tratamientos en floración
  • aplicar más productos “para cuajar”
  • intentar corregir el problema en el último momento

Sin embargo, el cuajado no se decide solo en floración.
Se condiciona:

  • meses antes
  • durante el otoño e invierno previos
  • en función del estado fisiológico con el que el árbol entra en primavera

Cuando se actúa tarde, el margen de mejora es limitado.

El cuajado es la consecuencia, no el origen del problema

Desde un enfoque fisiológico, el cuajado refleja:

  • cómo ha gestionado el árbol su carga anterior
  • cómo ha mantenido sus reservas
  • cómo ha respondido al estrés
  • qué equilibrio tiene entre brote y fruto

Por eso, dos olivares con la misma floración pueden terminar con producciones muy distintas.

La diferencia no está en la flor. Está en el historial fisiológico del árbol.

Cómo tener una producción más estable

Mejorar el cuajado no pasa por forzar al olivo, sino por:

  • llegar a floración con un árbol equilibrado
  • reducir el estrés innecesario
  • gestionar la carga productiva
  • anticiparse a los momentos críticos

Cuando el olivo entra en primavera en buen estado fisiológico, el cuajado deja de ser un problema recurrente.

Cada explotación tiene su propio límite

No todos los olivares pueden sostener la misma carga ni responder igual.
Variedad, suelo, manejo y clima definen el potencial real de cada árbol.

Por eso, entender el cuajado requiere leer la fisiología del olivo en su contexto, no aplicar soluciones universales.

👉 Cuando se interpreta correctamente ese equilibrio, es posible mejorar la estabilidad productiva campaña tras campaña.

Si quieres analizar por qué tu olivar florece bien pero no cuaja como debería, puedes escribirme y lo vemos con detalle.

Si te interesa entender cómo la carga excesiva de un año condiciona la producción del siguiente, puedes leer este artículo sobre la vecería del olivar:

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