Uno de los problemas más frustrantes en el olivar es la vecería o alternancia de cosechas:
un año el árbol produce en exceso y al siguiente apenas responde, incluso aunque se hayan aplicado las mismas prácticas de manejo.
Este comportamiento es llamado vecería y no afecta solo al olivo, también especies del género Quercus (robles y encinas) o Fagus (hayas) lo sufren. Es un fenómeno natural, una estrategia adaptativa que ayuda a la supervivencia de las semillas al saturar a los depredadores.
En las especies cultivables, como el olivo, la vecería no solo afecta a la rentabilidad, también genera incertidumbre en la toma de decisiones: riego, fertilización, poda o tratamientos dejan de ser previsibles.
Y, sin embargo, la vecería no es un fallo del sistema, sino una respuesta fisiológica del olivo.

Cuando el olivo decide no producir
El olivo no alterna cosechas por casualidad.
Lo hace porque su fisiología no es capaz de sostener dos campañas consecutivas con alta carga sin comprometer su equilibrio interno.
Durante un año de gran producción, el árbol destina la mayor parte de sus recursos a:
- el desarrollo del fruto
- el llenado del hueso
- la maduración
Esto implica un consumo intenso de reservas y una reducción de la capacidad del árbol para:
- inducir y diferenciar yemas florales
- mantener un equilibrio entre crecimiento vegetativo y reproductivo
- responder adecuadamente al estrés
Cuando ese desequilibrio no se corrige, el resultado es claro:
👉 campaña siguiente con baja floración y escasa producción.
El error más común: intentar corregir la vecería “a posteriori”
En muchos casos, la vecería se intenta corregir cuando ya es visible:
- más fertilización tras un año bajo
- más estímulos en primavera
- decisiones reactivas
El problema es que la vecería no se genera en el año “malo”, sino que se construye en el año “bueno”.
Cuando se actúa tarde, el árbol ya ha tomado sus decisiones fisiológicas:
- la inducción floral ya ocurrió
- las reservas ya se consumieron
- el equilibrio ya se perdió
La clave está en el balance fisiológico del árbol
Desde un punto de vista fisiológico, la vecería está directamente relacionada con:
- el balance fuente–sumidero
- el nivel de reservas
- el estrés acumulado
- la carga productiva real del árbol
Un olivo con exceso de carga entra en conflicto interno:
no puede mantener fruto, crecer y prepararse para la siguiente campaña al mismo tiempo.
Si no se gestiona ese equilibrio, el árbol prioriza sobrevivir, no producir.
Entonces, ¿se puede reducir la vecería?
La vecería no se elimina, pero sí se puede amortiguar y estabilizar.
No mediante una acción puntual, sino a través de una gestión fisiológica continua, que tenga en cuenta:
- el estado real del árbol
- el momento fenológico
- la carga existente
- las condiciones de estrés
La estabilidad productiva no se construye en una campaña, sino a lo largo del ciclo, anticipándose a las decisiones que el olivo va a tomar.
Cada olivar responde de forma distinta
No todos los olivares alternan igual ni por las mismas causas.
La variedad, el suelo, el clima, el manejo y el historial productivo influyen directamente en la respuesta fisiológica del árbol.
Por eso, abordar la vecería requiere interpretar la fisiología del olivo en cada caso concreto, no aplicar recetas generales.
👉 Cuando se entiende cómo y cuándo el árbol pierde su equilibrio, es posible tomar decisiones que mejoran la estabilidad de la producción.
Si quieres saber cómo está respondiendo tu olivar desde la fisiología vegetal, puedes ponerte en contacto conmigo.